Y la encuentro dormida, con sus labios secos de besos, sus manos cansadas de invierno. Se hunde en su pecho un instante que sabe a todo lo conocido. Una pausa que solo dice seguir. Acaban mis manos cargando su sombra llevando su piel blanca y suave a descansar en un sitio más digno. A pesar de las caricias y de una vida que es una noche toda, la abrazo fuerte a mi abrazo y ella que abre los ojos, allí está su cuerpoEditorial Macedonio presenta: " Textos inéditos" de: Gulliver
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