martes, 15 de abril de 2008

Cómo convertirse en lo que uno es?

Lacan, Massota, Macedonio y Joyce.

[A falta de banda de Moebius, multitud]
Política y Saber

Como política, rigidez de la forma. Imposibilidad de la existencia de múltiples discursos. El psicoanálisis nuevo modo de concepción del sujeto.

Desde la política y el saber es preciso abandonar una vieja -estructura- : el marxismo, incapaz de adaptarse y dejarse atravesar por nuevos discursos, creadores y fundadores de nuevas subjetividades. Principalmente pareciera que aquí, Masotta, se interesara por el concepto de estructura. [Entiendasé esto no como un juicio de valor sino como un mero orden topográfico del que valerse para desmenuzar su posición subjetiva que se traslada desde la filosofía al psicoanálisis y con eso a la noción de estructura] Levis-Strauss y Lacan vs un concepto de falsa conciencia, marxista, que incluso insiste Masotta: hace naufragar hasta la fenomenología.

La filosofía, es decir la sociología, la economía, la política, finalmente la ideología marxista, muerta por la espada de Damocles , por el filo del Psicoanálisis.

Masotta probablemente diera cuenta del giro, del pasaje, de la filosofía al Psicoanálisis. De la era de las Ideologías al Ocaso de los Idolos, a la muerte de la ideologías. El marxismo no responde la demanda.

Con la muerte del padre, muere lo de más allá de él, con esa muerte, muere la ideología y nace un Macedonio, algo que queda de este lado del padre. Masotta no descubre a cualquiera descubre a Lacan.

Es ahora Masotta el recienvenido a Lacan. Es que a partir de ahora Masotta intentará reconstruir a Lacan, atrapado en su texto, reproduciéndolo en un intento por salir.

Masotta cambia repetición por invención. Si se quiere por una invención de la política, de una filosofía. Masotta cambia entonces la filosofía por el psicoanálisis. En un intento de inventar, de crearse de abandonar la ideología.

Abandona a un padre, una certeza, en pos de una invención, ahora, si se quiere... de él mismo.

Es lo Lacaniano, es lo Macedoniano, ahora lo Masottiano...[1]

La Rosa de los vientos

Quizá Masotta? Escritor culturalmente no dependiente? Es pertinente Masotta a nuestra cultura? Es pertinente Macedonio a nuestra cultura? Es pertinente Lacan al Psicoanálisis? Es acaso este devenir imperceptible de Macedonio, un Borgismo? El reconocimiento de algo que cuesta reconocer? Simplemente no encontrarse en el lugar donde lo buscan. Permanecer allí, no para permanecer allí, sino para permanecer acá,[Siempre imperceptible]en otro lado.

Esta lógica, este corrimiento, daría la sensación de estar inscripta en otro orden distinto del orden del padre, de la ley, en la lógica de la no institución.

Es pertinente un Borgismo, en cuanto, prudencia, autentismo. La compleja operación consiste en estar adentro estando fuera, o bien, en estar afuera estando adentro. [La Lógica del Murciélago]. Hagamos girar la Rosa de los vientos.

Macedonio

El lector en Macedonio lo es todo y a la vez es nada. Se trata de un escritor que al escribir se inscribe quizá en una lógica distinta. Distinta que la del padre. Un escritor que escribe finalmente para no escribir. El Arte como una experiencia liberadora, de desyoificación, de desinviduación o despersonalización, es decir un intento de recuperación de la visión pura, ayoica, cada uno del ser. Macedonio apela a la desestabilización permanente del lector: y es aquí donde se inscribe en la genealogía Lacaniana o debiera decir: Existe realmente una genealogía Lacaniana? Se inscribiría como un hacedor de un público, como un Masotta, como un Joyce. Son todos ellos los que invierten en fábricas de lectores, en la construcción de lectores. Para qué? Para sostener que? La no institución?

Es la palabra que sostiene. La que articula. Es por ella que se sostiene, cuando se puede, la estructura. Eso cuando se la tiene. Es decir no son pocos los virajes desde la fenomenología al Estructuralismo.

Macedonio abre las apuestas, Masotta lo sigue, Lacan apuesta y redobla, Joyce se va al maso. Macedonio y Masotta siguen a Lacan y cierran la mano. Se abren los juegos, los discursos. Se instauran los lectores. Lacan queda dentro de Lacan, la Ipa queda fuera. Masotta se va con su padre al infierno y luego vuelve, se va por la lengua y retorna en el lenguaje, insiste en llamar a Joyce que sigue en su monólogo interior pero desiste. Finalmente Macedonio que escribe por escribir, el que es prácticamente lo que escribe. Quien quiera leer...que lea! Quien quiera quedar atrapado allí que quede! Macedonio es uno más, es decir 1 más.

- Para bajar libro Papeles de Recienvenido en formato doc: http://www.elortiba.org/zip/macedonio.zip

Casas Caro


[1] [ De allí que hoy y ayer fueran marxistas (es decir repetidores) y no Marxianos].

lunes, 14 de abril de 2008

Recién llegados: ¡Bienvenidos!

La necesidad del límite en el discurso como cualidad indispensable de un lenguaje ordenado. Lenguaje imperfecto obligado a dejar por fuera, por necesidad neurótica, palabras que no pueden ser habladas por el mismo. Esto deja por sentado un estilo, un recorte de una realidad que no puede ser dicha de otro modo. En este punto vale la pena pensar ya no en la creación de un texto para el lector, sino en un lector para un texto. ¿Quién quiero que lea el texto, es decir quien quiero que sea leído por el texto, también quien fuera atravesado por el mismo? Cuando escribo, siempre queda algo “atrapado” por fuera de lo impreso. Como pasa con los públicos, con los posibles públicos. Existen aquellos que quedarían por fuera de lo escrito y otros por dentro. ¿Para quién escribe Lacan y para quien deja de escribir?

“El estilo recorta al Otro del público. Lo que se transmite a través del estilo permite localizar a un lector-practicante por venir, que más adelante comprenderá”[1].

Lo interesante en un primer planteo de Lacan es la homologación entre los dos públicos pensados por el mismo, estos son entendidos o analistas y no analistas. Esto es: en el principio del principio para todos lo mismo ¿Qué es lo mismo? De eso se comenzará a escribir. La importancia de este primer paso consiste en la apertura de los públicos, para así poder hacer girar la relación. Romper el hermetismo de la tradición. Es el recién llegado, el público no analista quien lleva a cabo la misión, es decir la presencia de éste. El encaminamiento de los discursos hacia el público entendido, pero tomando como referente a este otro público, procurará la ruptura. Así, el propósito lacaniano consistiría en delimitar un público que permitiera la transmisión y la ruptura permanente con una posible tradición. A mi entender, humildemente, pretendo equivocarme, esta figura, la del recién llegado simpatiza como la del aspirante recién iniciado, quien no remite ni repite a nada. Esto, esta situación contrasta con la del entendido, y es donde surge aquella cuestión. “Ni un eterno retorno ni un retorno a las fuentes. Es en ese Acto que la repetición operativa efectúa la emergencia de lo nuevo, en tanto real inédito desprendido del Otro-textual de la tradición”[2]. Es allí donde opino que queda atrapado el lector. De donde ya no tiene salida. Mejor decir: esa salida es el inicio. Pienso por fin que en Lacan, que en el estilo de Lacan se subraya la posibilidad que tiene el recién llegado de reconstruir el texto en cuanto queda atrapado en el y lo transmite por intento a salir de el. Insisto, pienso ese es el inicio. Allí está el anzuelo.


Casas Caro



[1] La excomunión y la apertura de los públicos. Cesar Mazza.

[2] Irrupciones Pág. 3

domingo, 13 de abril de 2008

Germán García: La soledad sonora que resuena en otros.


A partir del “rigor psicótico” que Lacan registró en el filósofo Ludwig Wittgenstein y en el escritor James Joyce, el autor avanza hacia la experiencia del arte (“el arte, el artificio”) para señalar “un goce sutil que, en la soledad del lenguaje, descubre el trayecto, el método capaz de resonar en otros”.



El “rigor psicótico” que Lacan leyó en Wittgenstein, el que, en una provocación digna de Dadá, se adjudicó a sí mismo en cierta ocasión, es el que volverá a encontrar en la lectura de James Joyce. Lo prueba el hecho de que Lacan practicara en ciertos momentos los procedimientos de la escritura de Joyce, cuyo método (camino, rigor) culmina en Finnegans Wake.

Un libro titulado 789 neologismes de Jacques Lacan, realizado por Jean Pélissier y más de treinta colaboradores, contabiliza frecuencias entre 1969 y 1980, refutando de paso la idea de la progresión lineal en el uso de este procedimiento: en efecto, los neologismos se acentúan entre 1971 y 1975 (Lituraterre; L’étourdit; Joyce, le sinthome). Los autores se inspiran, según dicen, en un trabajo de Leo Spitzer sobre los neologismos de Rabelais (en quien Lacan encontró la palabra sinthome). Lacan, en fin, es comparado con Michaux y Queneau, por el aspecto lúdico de sus juegos verbales.

Los neologismos significan innovación en el lenguaje y suelen agruparse en tres clases: a) palabras inventadas; b) palabras formadas a partir de una raíz o prefijo; c) palabras patrimoniales, por ejemplo beat para designar a una generación. Otros son faux amis, entre lenguas, tanto escritos como hablados (“falsos amigos”: palabras de idiomas diferentes que son muy parecidas pero tienen distinto significado; así por ejemplo, “década”, en español, se refiere a un período de diez años; décade, en francés, se refiere a un período de diez días).

Francisco García Tortosa, en el excelente estudio que acompaña a la edición bilingüe de Anna Livia Plurabelle (Finnegans Wake, I, VIII), escribe: “El vocabulario de Finnegans Wake aparece registrado en los diccionarios en un porcentaje que se acerca al 90 por ciento. (...) Para que una lengua pueda sugerir en el lector vocablos de otra lengua, es necesario un mínimo de distorsión, de manera que aun las palabras conservadas en sus formas estándar resulten extrañas o induzcan relaciones lingüísticas inusitadas (...) no hay que dominar cuarenta lenguas, como tampoco las dominaba Joyce, para que, aplicando este proceso de distorsión, cualquier lengua entre en conexión con otras”.

Joyce creyó que otra persona podía terminar el Finnegans porque su base era simple, susceptible de ser enseñada, “... y por consiguiente automática” (ibídem).

Las homofonías que Freud llamaba asociaciones externas, las homonimias, las sonoridades, aliteraciones, ritmos y combinaciones de vocales van configurando un método que, como la pintura de vanguardia, se propone atravesar la mímesis narrativa de la preceptiva de Aristóteles.

En Le Sinthome, Lacan dice: “¿Qué es el saber? Es el arte, el artificio lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el Juicio Final. Por lo menos, yo lo enuncio así”. Para los griegos de antaño, la palabra tekhne no designa el arte en el sentido actual. La mímesis (mimitike tekhne) definía una amplia gama de producciones. Las clasificaciones posteriores, derivadas de diferentes filosofías del arte, permitieron a los filósofos hablar de arte sin la experiencia del arte (de ahí el poco interés que prestan a los testimonios de los artistas). Pero Lacan dice “el arte, el artificio”. En las lenguas antiguas, “artes” designa articulaciones entre partes. El latín suma la intervención humana (artifex) que produce esas articulaciones, según ciertos métodos o reglas que suelen descubrirse por medio del arte y/o la experiencia.

Mediante el artífice (artifex), el artificio puede convertir lo interior en exterior, por lo que Santo Tomás añade la phantasia como una clave para entender la acción del arte. (Silvia Magnavacca, Léxico técnico de filosofía medieval, Ed. UBA, Bs. As., 2006).

El juicio final de la metáfora de Lacan no es el juicio del gusto de Kant y los de su gusto, sino el juicio del artista que es el acto mismo de su realización. Como dice Feyerabend, los de afuera quieren saber qué pasa, los de adentro qué hacer.

Entre otras cosas, los productos del arte pueden gustar (Arthur C. Danto, en El abuso de la belleza, estudia de manera brillante el tema).

Una segunda frase de Lacan en el mismo texto, que quisiera ensamblar con la primera, dice: “El Otro del Otro real, es decir, imposible, es la idea que tenemos del artificio, en cuanto es un hacer que se nos escapa, es decir, que desborda por mucho el goce que podemos tener de él. Este goce completamente sutil (subtil) es lo que llamamos espíritu”. El Diccionnaire Etimologique (O. Bloch et W. Von Wartburg) consigna que esprit (espíritu) viene del latín Spiritus (soplo) y su acepción cristiana se origina en la Biblia (espíritus vitales, animales).

San Buenaventura, Santo Tomás y San Víctor, por decir algunos, hubieran gustado de la cita anterior.

En lugar del Otro, la producción de un artificio que se nos escapa en tanto viste lo imposible (también llamado real) que es el único “juicio final”, que nada tiene que ver con el juicio del gusto del filósofo.

Y, reitero, Lacan dice que “este goce completamente sutil es lo que llamamos espíritu” (también: ingenio, sutileza). La frase siguiente es: “Todo esto implica una noción de lo real”.

Joyce, en una conferencia de 1907 sobre el poeta James C. Mangan, da una clave de la finalidad de su método al decir que las masas aprecian a los poetas que “expresan” y dan “fuerza” a su época, pero que son “incapaces de valorar una obra de verdadera autorrevelación”. Subrayo la palabra y cito la ironía que sigue sobre los poetas que expresan a las masas: “El más popular acto de gracia en estos casos es la creación de un monumento, ya que de este modo se honra al muerto y se halaga al vivo” (Escritos críticos, Ed. Alianza, Madrid, 1975).

La obra de autorrevelación, con sus artificios, es la autorrevelación de ese espíritu que es un goce sutil que en la soledad del lenguaje descubre el trayecto, el método, capaz de resonar en otros y que bien podría designar como la soledad sonora del sinthome. Como diría Jacques Lacan, al menos yo lo enuncio así.

La paradoja del hombre de gusto, como la de cada psicoanalista, no sería diferente a la del que consagrase su soledad a proseguir, según el método de Joyce, el Finnegans: la decisión de Joyce, como la de Descartes y también la de Freud, es la certeza que inicia un método que al final produce la autorrevelación de uno por vez. Pero ninguno de los que sigan el método estará seguro de adquirir una certeza en singular equivalente, y ni siquiera llegará a saber si ellos –Joyce, Descartes, Freud– tuvieron esa certeza o se sostuvieron en la pura decisión. Es que el goce sutil implica la noción de real (Hans Blumenberg; Conceptos en historia, Ed. Síntesis, Madrid 2003).

Vuelvo a la palabra arte. Lacan exaltó el trivium (gramática, dialéctica, retórica) y el quadrivium (aritmética, geometría –no euclidiana, claro–. No la astrología, pero sí el matema, tampoco la música pero sí la repetición y los ritmos de la pulsión). Recordemos que las primeras se llamaron artes del lenguaje y las segundas artes reales, y el conjunto artes liberales. Con las variaciones que correspondan, estas artes resuenan en las tres soledades nombradas como “rigor psicótico”: la de Wittgenstein, la de Lacan y la de Joyce. Ese “rigor psicótico” también, según Lacan, se encuentra en la ciencia, pero los científicos, desde C. S. Peirce, parten de una comunidad de trabajo que articula el saber en que se inserta cada uno. En cambio, un analista –como Sócrates– sólo tiene el recurso de la histeria... ou pire, o peor.

Nota Pág. 12:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/psicologia/9-84372-2007-05-03.html


Editorial Macedonio Importaciones presenta a Germán García en el trazo de Lacan a Joyce.

sábado, 12 de abril de 2008

Facundo Casas: Memorias de una pesadilla




Mirando mi biblioteca - curiosamente diferente a la mía - supe de repente que ante mi se erguian silenciosamente solemnes todas las lecturas realizadas en vida - en la pesadilla creía tener 83 años -. Demasiado nítidas y ordenadas por orden de lectura, podía haberme tomado el trabajo de dedicarle atención a cada tomo. El temor me paralizó en cada recorrido. Había un libro último que debía estar esperándome en algún extremo.
Por suerte, desperté.

Editorial Macedonio presenta a Facundo Casas.

viernes, 11 de abril de 2008

Aquel Ritmillo o Pequeña autobiografía de Gulliver.



Es duro recordar ahora en el ocaso de la vida aquellos tiempos en que la juventud me llevaba bailando por la vida. Recuerdo con que facilidad enamoraba a las muchachitas, las engatuzaba y las hacía sufrir, y sufrían... y suspiraban al verme caminar. Porque aunque nunca fui un tipo guapo siempre tuve un espectacular movimiento en todo mi cuerpo , yo no andaba: flotaba. Era una especie de ritmo natural que me acompañó al largo de toda mi vida. Una vida repleta de éxitos.
Menudo pajarraco he sido yo, se que ahora resulta díficil creer viéndome aquí solo sin más compañía que un pequeño televisor.

- Una mentira nunca se estira, una verdad da mucho que hablar. En la vida hay que saber que hay que hacer para encontrar la felicidad -

-Tengo el secreto del amuleto que les dará las properidad, coja lapiz y papel para saber que hay que hacer para encontrar la felicidad -

- Estamos listos estamos dispuestos, todos atentos todos sedientos...ahhhh...se los voy a
contar!

Aquel Ritmillo:
http://www.youtube.com/watch?v=XqL0ibldfbg (1ª Parte)
http://www.youtube.com/watch?v=ytjHcyMHBks&feature=related (2ª Parte)


Editorial Macedonio: Aquel Ritmillo

Trane


"Cuando un músico negro coge su instrumento y empieza a soplar, improvisa, crea; sale de su interior. Es su alma. El jazz es el único espacio de Estados Unidos en que el hombre Negro puede crear libremente".
Así es como Malcom X describio el espíritu del jazz en un mitín político organizado en Nueva York en 1964. Entre el público se encontraba John Coltrane. Muchas de las esperanzas y anhelos que Malcom tan elocuentemente expresaba en sus discursos estaban tambien en la música de Coltrane. En palabras del escritor Craig Werner, " Los dos compartían una determinación que podría resimirse en un único mensaje central: cambiemos al mundo ahora".

http://www.youtube.com/watch?v=NllPZ5_Tw40&feature=related

Editorial Macedonio importa al Autor Martin Smith. John Coltrane: Jazz, racismo y resistencia.

jueves, 10 de abril de 2008

Javier Fesser: la máquina significante.

A través "del giro de la importación" se inscribe a Fesser dentro de la lógica de la Invención. Títulos como el milagro de P. Tinto, Cándida, La gran aventura de Mortadelo y Filemón, cortometrajes como: el Ritmillo, Javi y Lucy y el sedcleto de la tlompeta entre otros, dan cuerpo al nombre de Javier Fesser, delimitando antes que nada un Estilo particular y con marcas del orden del registro de la irrupción y sorpresa. La apuesta al salto del significante, la tyché como bisturí, brújula y timón del recorte de un cuerpo y una imagen.
Personajes de un hacer propio, de un Estilo. Así Resser se ofrece al recien venido, no lector, llamese espectador como un mundo a recrear y compartir desde un nuevo encuentro a cada instante.
Vale la pena que hace Gulliver en esto, aproximando un Autor del orden del cambio, de la invención se inscribe en un nuevo orden y baña su semblante de un aire nuevo y con giro al si mismo.

Delimita un estilo, fija una imagen, pone en marcha la máquina significante, perfila un cuerpo.



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