La necesidad del límite en el discurso como cualidad indispensable de un lenguaje ordenado. Lenguaje imperfecto obligado a dejar por fuera, por necesidad neurótica, palabras que no pueden ser habladas por el mismo. Esto deja por sentado un estilo, un recorte de una realidad que no puede ser dicha de otro modo. En este punto vale la pena pensar ya no en la creación de un texto para el lector, sino en un lector para un texto. ¿Quién quiero que lea el texto, es decir quien quiero que sea leído por el texto, también quien fuera atravesado por el mismo? Cuando escribo, siempre queda algo “atrapado” por fuera de lo impreso. Como pasa con los públicos, con los posibles públicos. Existen aquellos que quedarían por fuera de lo escrito y otros por dentro. ¿Para quién escribe Lacan y para quien deja de escribir?
“El estilo recorta al Otro del público. Lo que se transmite a través del estilo permite localizar a un lector-practicante por venir, que más adelante comprenderá”[1].
Lo interesante en un primer planteo de Lacan es la homologación entre los dos públicos pensados por el mismo, estos son entendidos o analistas y no analistas. Esto es: en el principio del principio para todos lo mismo ¿Qué es lo mismo? De eso se comenzará a escribir. La importancia de este primer paso consiste en la apertura de los públicos, para así poder hacer girar la relación. Romper el hermetismo de la tradición. Es el recién llegado, el público no analista quien lleva a cabo la misión, es decir la presencia de éste. El encaminamiento de los discursos hacia el público entendido, pero tomando como referente a este otro público, procurará la ruptura. Así, el propósito lacaniano consistiría en delimitar un público que permitiera la transmisión y la ruptura permanente con una posible tradición. A mi entender, humildemente, pretendo equivocarme, esta figura, la del recién llegado simpatiza como la del aspirante recién iniciado, quien no remite ni repite a nada. Esto, esta situación contrasta con la del entendido, y es donde surge aquella cuestión. “Ni un eterno retorno ni un retorno a las fuentes. Es en ese Acto que la repetición operativa efectúa la emergencia de lo nuevo, en tanto real inédito desprendido del Otro-textual de la tradición”[2]. Es allí donde opino que queda atrapado el lector. De donde ya no tiene salida. Mejor decir: esa salida es el inicio. Pienso por fin que en Lacan, que en el estilo de Lacan se subraya la posibilidad que tiene el recién llegado de reconstruir el texto en cuanto queda atrapado en el y lo transmite por intento a salir de el. Insisto, pienso ese es el inicio. Allí está el anzuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario